Autores de Córdoba y para Córdoba

– EDUARDO LUCENA Y VALLEJO (1849-1893) –

Nacido en Córdoba el 22 de agosto de 1849, Eduardo Lucena recibe la formación musical con su padre, Francisco Lucena Luque, y luego en el Conservatorio de Madrid, donde tiene como profesores al gran violinista Jesús de Monasterio y a Hilarión Eslava. Su vida profesional abarcó las facetas de director de orquesta y de banda, violinista, compositor y profesor de armonía en la Escuela Provincial de Bellas Artes de Córdoba, germen del futuro conservatorio. Es la creación del Centro Filarmónico lo que le ha hecho pasar a la historia de Córdoba, ya que gracias a la
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popular agrupación sus composiciones llegan frescas hasta hoy. Entre los honores que recibió en vida figuran el nombramiento de caballero de la orden de Isabel la Católica y el de socio de honor de la Sociedad Económica de Amigos del País. Murió el 2 de marzo de 1893, en una casa de la calle San Fernando en cuya fachada figura desde 1912 una placa de recuerdo colocada por el Ayuntamiento. La obra compositiva de Lucena ha de enmarcarse en el panorama musical de la pasada centuria; sólo así podemos apreciar su verdadera importancia en la producción musical española. Su catálogo de composiciones incluye diversos géneros de baile, obras líricas y algún que otro escarceo en las formas clásicas. Según el diario La Unión del 7 de marzo de 1893 encontramos con que entonces se subrayan como obras principales de su catálogo: varios himnos uno de ellos con motivo del advenimiento al trono de Alfonso XII; una tanda de valses titulados Zaida; dos sinfonías para gran orquesta; barcarolas, mazurkas, romanzas…..Es decir, una literatura en la que abundan los géneros menores de tradición universal, como la barcarola, el vals, la pavana o la mazurka; las obras de circunstancias, o escritas para un acto concreto, además de jotas, habaneras, pasacalles, expresión genuinamente popular. Es una música de gran riqueza melódica, convencional en la armonía y con un acusado componente rítmico, rasgos inherentes a las formas populares. Lucena no pretendía ser un innovador, más bien su verdadera ambición es expresar sentimientos a través de una música asequible para todos, hecha con talento e inspiración, los cuales se sirven de elementos universales que trascienden lo meramente localista. Son sus páginas más inmortales: la popularísima Pavana, el popurrí Aires andaluces, la barcarola Cruzando el lago, la célebre Habanera, el pasacalle Carnaval del 86, las jotas A Málaga y Las mariposas, y la Sinfonía en Mi mayor.
– CIPRIANO MARTÍNEZ RÜCKER (1861-1924) –

Martínez Rücker es, junto al malagueño Eduardo Ocón (1833-1901), el representante andaluz más cualificado del tardío romanticismo musical español. Nacido en Córdoba el 20 de diciembre de 1861, realizó sus estudios musicales en Madrid, y luego en Francia, Italia, Alemania y Portugal. Aunque su talento, apreciado por músicos como Tomás Bretón y Enrique Granados, bien le hubiera valido para mayores empresas, Martínez Rücker prefirió entregarse por completo a su ciudad natal, a la que brindó una extraordinaria labor, no sólo como compositor, sino también pedagógica y de dinamización cultural en el más amplio sentido. ciprianoEn 1902 fundó el Conservatorio cordobés, centro del que sería catedrático de armonía y composición, así como director, hasta su muerte, el 16 de julio de 1924. En reconocimiento a su actividad e intelectual recibió numerosos nombramientos, distinciones y títulos honoríficos de instituciones musicales de España, Italia, Francia y Portugal. Su música está impregnada de elementos propios de la música andaluza, aunque no por ello deba ser considerada como típicamente nacionalista. La sencillez y naturalidad de su lenguaje proceden de la tradición clásico-romántica, estando éste, por tanto, muy alejado de las nuevas tendencias que por entonces empiezan a emerger en la música europea. De sus sus composiciones, sobresalen las dedicadas al piano, pese a ser más música de salón que de concierto: “Bocetos líricos”, “Melodías orientales”, “Cantos de mi Tierra”, “Serenata andaluza” y “Seguidilla cordobesa” son sus títulos mas representativos. Para la orquesta, compuso dos sinfonías, valses, el poema “Adiós a Boaddil”, “Capricho andaluz” y varias páginas de coro, entre las que destaca Noches de Córdoba. También escribió música religiosa, teatral y varios trabajos de divulgación musical.
– ADOLFO PÉREZ CANTERO (1891-1975) –

Adolfo Pérez Cantero nace en Arjona (Jaén) el 21 de octubre de 1891. A los 16 años se traslada a vivir a Córdoba, donde es discípulo de Martinez Rücker. Gran pianista, tenía una muy buena facilidad para la lectura a primera vista, lo que hizo que entrara a trabajar muy pronto en el primer cine de Córdoba, situado en el actual paseo de la Victoria, donde acompañaba al piano a las primeras películas que eran mudas. Este trabajo le permitió conocer a la que sería su esposa, hija del empresario dueño del Cine.
Durante el servicio militar tocó en la banda militar de Larache, lugar donde estaba destinado, la flauta y el flautín. Ya en Córdoba ganó por oposición la plaza de profesor de armonia en el Conservatorio y también por oposición una plaza de funcionario de Correos, ya que la música por si sola no daba para vivir y mantener una familia. En el cuerpo de Correos llegó a ser jefe de la estafeta que había en la calle Enrique Redel.
En la Guerra civil perdió a su hermano Aurelio, vinculado con el centro filarmónico “Eduardo Lucena”. Relacionado con el fusilamiento de su hermano es encarcelado aún no militando en ningún partido político. Tras la salida de la cárcel, es suspendido de empleo y sueldo durante cuatro años, periodo en el que entre otras cosas venderá su flauta y flautín que no volverá a recuperar nunca.
Tras este periodo vuelve al conservatorio, donde ejercerá en la cátedra de Armonía junto a Joaquin Reyes Cabrera. Fue director del populoso coro de San Andrés, parroquia con la que mantenía una gran relación. Se le recuerda además de cómo músico como una gran persona, de carácter dulce y amable. Su relación fue extensa, y tuvo relación con actos beneficos diversos, en especial con los relacionados con el cuerpo de Correos. Era conocido y mantenía relación con muchas cofradías de Córdoba, donde participaba musicalmente en sus cultos. Adolfo Pérez Cantero muere en Córdoba el día 29 de Septiembre de 1975.
Su obra es un compendio de diversas obras musicales, de diferentes formas, temática y escritas para muy diferentes conjuntos musicales. La obra del autor se conserva casi en su integridad, custodiada y clasificada por su familia. Algunos de los papeles originales poseen el sello de la SGAE, Gran Teatro, Plaza de Toros y la firma de “Rafael Mesa”.
– DÁMASO TORRES GARCÍA (1904-1984) –

Dámaso Torres García nace 1904 en Baza (Granada). Inicialmente se forja en la Banda de Música de nuestra ciudad, en la que destaca por su continuo afán de conocimiento.Con 18 años se marcha a Granada, donde sienta plaza en el Regimiento de Córdoba, de guarnición en esta capital, ingresando en la Banda de Música del Regimiento como soldado músico. En esta agrupación tiene como profesor y director a Juan Mula Ortega. Una vez licenciado de su etapa como militar, se ubica en Madrid.
Al poco tiemdamasopo, ingresa en la Real Banda de Alabarderos, cuyo director era Emilio Vega Manzano. Con él estudiará Armonía, Contrapunto, Fuga, Instrumentación y Composición. En 1932, tras ganar un concurso oposición, obtiene su primer destino profesional en la localidad de Talavera de la Reina, donde será Director de la Banda de Música de la población.
En octubre de 1944 tiene conocimiento de la vacante ofertada para la dirección de la Banda Municipal de Córdoba. Opta a la plaza y la consigue, siendo nombrado para la misma.
Tiene una enorme preocupación por ofrecer calidad en todas las composiciones que interpretó en la ciudad califal, así como por ofrecer a la misma ciudad magníficas obras de su trabajo, en el que siempre superó la calidad a la cantidad. Dedicó un ramillete de páginas musicales, inspiradas y dedicadas a la ciudad que le hizo y nombró hijo adoptivo: “Canción a Córdoba”, “Canto a Córdoba” “Torerillo Cordobés” “El Gran Capitán” o sinfonías cofrades como “Misericordia, Señor”, una marcha fúnebre dedicada a la Imagen del Santísimo Cristo de la Misericordia. Pero la verdadera comunión con la ciudad le llega cuando se estrena la “Marcha de la Ciudad”, en 1965; el clamor popular hace de la misma el Himno de la Ciudad de Córdoba, y el Ayuntamiento de la ciudad, en el Pleno de 27 de agosto de ese mismo año, aprueba por mayoría la declaración de esta composición como Himno Oficial de la Ciudad.
Fue homenajeado por el Ayuntamiento el 21 de marzo de 1980.
– ENRIQUE BÁEZ CENTELLA (1924-2003) –

Eminente músico y compositor, D. Enrique Báez pertenece a una extensísima familia de músicos cordobeses. Percusionista, pianista y grandísimo violinista, entra a formar parte de la Banda Municipal como timbalero, y posteriormente, caja. En la conversión a Orquesta Municipal (…) pasa a ser Concertino de la formación. Entre sus composiciones hay himnos, pasodobles, canciones, sonatas etc. Pero el aspecto que nos interesa es el de compositor de marchas procesionales. Báez compone por y para la banda baezMunicipal de Córdoba. Un auténtico genio. Los papeles de los grandes solistas de la banda de aquel entonces son impracticables para un instrumentista que no sea brillante en la actualidad: merece la pena resaltar los nombres de Ángel Raya como trompeta y Diego Ramírez con el bombardino. El tratamiento instrumental es novedoso al 100%. Las texturas no tienen nada que ver con nadie. Lo que más se le aproxima son ciertos fragmentos de Gámez Laserna. Esta complejidad (que es sublime cuando se llega a tocar) es lo que ha impedido que se toque más. También podríamos valorar factores como la desaparición de la banda municipal o el hecho de que no editara sus partituras. De toda su producción destacan “Virgen de las Angustias”, “Jesús Caído”, “Por una madre” y “Virgen del Socorro”.
– FRANCISCO DE SALES MELGUIZO FERNÁNDEZ (1915-1998) –

Sin conocimientos musicales profundos, su amor y pasión cofrade le llevaron a ser Hermano Mayor de la Cofradía de la Misericordia de Córdoba. Junto a Rafael Diaz Peno diseñará la linea artística de la Cofradía. Fue fundador de una capilla musical, que dirigió otro músico eminente, don Luis Serrano Lucena, y que llegó a contar con 100 personas. También fundó una banda de cornetas y tambores que acompañaba a ambos Titulares indistintamente cuando estaban fuera de la Carrera Oficial. De esta banda se conservan partituras (tesoro por explotar para las bandas de cornetas y tambores). Era crítico musical del Diario Córdoba, lo que le llevó a hacer buenas amistades con toda la élite musical, como Dámaso Torres (Director de la Banda Municipal), Enrique Báez, Pedro Gámelguizomez Laserna… Dentro de la línea que le imprimieron a la Cofradía, decidió que era preciso una marcha, de finísima inspiración, por lo que se puso en contacto con Enrique Báez, que la armonizó e instrumentó magistralmente. Por aquel año, 1950, le tocaba a la banda Municipal acompañar a la Cofradía de la Paz (del Miércoles Santo también). Pero D. Francisco Melguizo pidió que la Paz le cediera el turno de la banda, para estrenar la marcha ese año. Y lo consiguió, pero la Paz pidió una pequeña contraprestación, que escribiera una marcha para su hermandad. Y así fue. En 1950 la Banda Municipal interpretaba “Lágrimas y Desamparo”, que tocaba una vez tras otra detrás del palio. No sonó ninguna otra marcha durante la Carrera Oficial, ni ese año ni durante los años sucesivos que le tocaba el turno. En 1951 estrenaba la Banda Municipal “Paloma de Capuchinos”, concebida por Francisco Melguizo, y armonizada esta vez por Pedro Gámez. En 1956 la banda acompaña al Cristo de la Caridad el Jueves Santo, y estrena “Señor de la Caridad”, marcha inusual, por su tratamiento y por sus melodías. Años después, ya en Sevilla, donde se trasladaría por motivos de trabajo, compondría “La Música del Silencio”, a partir de las famosísimas Saetas del Silencio, anónimas del siglo XVII, y “Virgen de los dolores” a partir de un himno que él mismo concibió, siendo ésta la única que está editada por imprenta. Por lo tanto tenemos que además de ser escueta la producción, es heterogénea. Sin duda todo un ejemplo de versatilidad.
– PEDRO GÁMEZ LASERNA (1907-1987) –

La historia de Pedro Gámez Laserna no puede entenderse sin Córdoba. No se trata de un tópico para exaltar el valor de lo propio, sino un hecho perfectamente constatable. Un maridaje el vivido entre Córdoba y el artista que duró in situ más de tres décadas, y que luego continuó desde la distancia. Hay que poner en relieve la importancia que tuvo la capital cordobesa en la vida y obra del que hoy día es uno de los compositores de música procesional más valorados por la crítica y, a la sazón, más añorado ante diversas veleidades que no dejan de producirse en el género. Procedente de la banda municipal de su localidad natal, ingresó en la Música del Regimiento de Infantería de la Reina nº 2 con guarnición en Córdoba, primero como trombón y luego más tarde en el papel de trompa, instrumento en el que se especializaría. Por aquellas calendas dirigía la banda el músico mayor Juan Berruezo de Mateos, cuyos servicios fueron también requeridos por el Ayuntamiento para que ayudase al relanzamiento de una Banda Municipal en precarias condiciones internas. En 1928 ingresa como trompa en la Banda Municipal y lo hace en un momento inmejorable, una vez superados los anteriores años de hastío. A su llegada a la formación munícipe musical, Pedro Gámez se encuentra y vive de primera mano los magníficos resultados que el director Mariano Gómez Camarero iba cosechando. Éste tomó las riendas de la banda municipal en una situación precaria y, mediante una serie de reestructuraciones administrlasernaativas y técnicas, hizo de la banda lo que llevaba tiempo sin ser, convirtiéndose en una destacada plataforma de aprendizaje y magisterio musical gracias a la creación de una academia para tal, aunque luego posteriormente los alumnos tenían que revalidar los conocimientos en el conservatorio. De entre este fértil caldo de cultivo de músicos y compositores, salieron nombres que luego alcanzaron metas destacadas, como fueron los casos de Joaquín Villatoro Medina, José Ramos Celades, Rafael Báez y el mismísimo Pedro Gámez. Al amparo de la batuta del toledano Mariano Gómez Camarero, Gámez Laserna participaba de la intensa vida social cordobesa, aprovechando también la apertura de miras de la banda que con la celebración de conciertos y varios eventos establecía contactos con otras agrupaciones de raigambre a nivel nacional. De esta forma, los sólidos conocimientos del músico de Jódar no pasaron desapercibidos a los ojos del que por entonces era subdirector de la Banda Sinfónica Municipal de Madrid, José María Martín Domingo, durante una de sus estancias en la capital cordobesa. Al autor de populares pasodobles, le llamó la atención las maneras que acreditaba Gámez en la ideación de música para banda. Y como quiera que su propósito era llegar a ser director de banda, se trasladó a Madrid a principios de los cuarenta para formar parte de dicha banda sinfónica municipal. Allí siguió sumido en su personal reto de avanzar profesionalmente, aprendiendo de todo cuanto le rodeaba y terminando finalmente con la sobresaliente obtención de la primera plaza en las oposiciones al cuerpo nacional de directores de músicas militares en septiembre de 1945. Tras tres meses en concepto de prácticas en la Música del Regimiento de Infantería del Inmemorial del Cuartel General del Ejército de Madrid, regresó a Córdoba en diciembre de ese mismo año, recalando en la primera banda a la que perteneció en la ciudad de los califas, pero esta vez en el papel de director y ostentando ya el nombre de Música del Regimiento de Infantería de Lepanto nº2. Las calles que lo vieron desarrollarse como músico y nacer como compositor, eran ahora testigos de la primera etapa al frente de una banda militar. Con su Banda de Lepanto tomaba parte crucial de los actos cordobeses, como demuestra la concurrencia, junto con la Banda Municipal, a la velada literario-musical celebrada el 23 de enero de 1949 en el Gran Teatro, en conmemoración del centenario del nacimiento del músico cordobés Eduardo Lucena (2). Si los actos civiles no le eran ajenos, menos todavía los desfiles procesionales de Semana Santa, acompañando a pasos como el de la Sentencia o el Cristo de la Misericordia. En 1957, con el grado de capitán, marchó a Sevilla donde dirigiría la Música del Regimiento de Infantería de Soria nº 9. Se imbuyó en su esplendorosa Semana Santa para vivir en la capital hispalense hasta el final de sus días, dejando como mejor testimonio un repertorio cuantioso e importante de marchas procesionales, eso sí, sin perder de vista a la que custodia ese monumento eterno que es la Mezquita-Catedral. Si ésta tiene el honor de guardar en sus paredes los inicios, desarrollos y primeros logros como compositor del ilustre galduriense (3), aquella fue el contexto que coadyuvó a que la figura del director militar alcanzara altas cotas de popularidad, además de albergar exitosos estrenos de músicas de enorme valor. A partir de su jubilación, en 1967, el retirado comandante Gámez Laserna recibió diversos homenajes en vida por parte de instituciones como el Consejo General de Hermandades y Cofradías. Murió el 25 de diciembre de 1987 y sus honras fúnebres se celebraron en la basílica de la Esperanza Macarena, de donde el féretro con los restos mortales del compositor salió, por expreso deseo suyo, a los sones de su marcha “Pasa la Virgen Macarena” interpretada por la Banda del Soria 9.
– JOSÉ TIMOTEO FRANCO (1917-2001) –

Con sólo 7 años tocaba la flauta en la banda infantil de la Escuela del Ave María, de la calle Armas, pasando después al Conservatorio donde a partir de 1932 cursa estudios de flauta.
Vinculado al Ctimoteoentro Filarmónico desde los quince años, es autor de la composición para orquesta “Hechizo español” de 1965 y en 1967 crea “Fantasía cordobesa”, instrumentada para orquesta, coro y rondalla, de la que es autor también de la letra, y por la que ha sido más conocido.
Entre sus obras se cuentan numerosas canciones españolas y andaluzas, marchas militares y fúnebres, destacando la estampa lírica que tituló “La flor de la romería” de 1951.
Compuso la música del himno de la Peña Los 15 Candiles y pasodobles como el dedicado al torero El Pireo, “Antonio Ángel Jiménez” o “Fiesta cordobesa”, estrenado en 1974.
Para nuestra Semana Santa, destaca la gran marcha “Jesús Rescatado”, dedicada en 1958 al Señor de Córdoba.
Ha sido profesor de flauta en el Conservatorio Superior de Música de Córdoba y autor del Método de flauta que, desde1982, figura como libro de texto en el programa oficial de estudios de flauta en el Conservatorio Superior de Música de Madrid.
– JOSÉ DE LA VEGA SÁNCHEZ (1929-2010) –

José de la Vega Sánchez (Córdoba 12-8-1929) era Profesor Superior de Violín y de Composición. Siendo profesor de la Orquesta Sinfónica de RTVE tuvo que abandonar su carrera como violinista a causa de una operación que le daña un brazo. Trabajó en Radio Nacional de España como asesor musical en radio clásica. Ha compuesto numerosas marchas procesionales entre ellas destacan “Valle de Sevilla”, “Triana, tu Esperanza”, “Esperanza Divina Enfermera”, “Servitas de San Marcos”, “Ángeles, Reina” o “La Esperanza”, dedidelavegacada esta última a nuestra Titular mariana María Santísima de la Esperanza y que fue estrenada por nuestra banda en marzo de 2009, también para banda destaca su pasodoble “Fiesta Taurina”. Como compositor además de marchas y pasodobles ha compuesto piezas sinfónicas y corales. Tres Piezas Populares Españolas fue compuesta en 1982 como concierto para contrabajo solista y orquesta (o piano). Este concierto fue estrenado en 1984 en Sevilla por la Orquesta Bética Filarmónica de Sevilla dirigida por Luís Izquierdo e interpretada la parte solista por Joaquín Alda. El compositor realizó también una versión para 4 contrabajos solos que nunca ha llegado a estrenarse. En 1988 firma una nueva versión para Orquesta Sinfónica (estrenada en 1998 por la Orquesta Sinfónica de RTVE) y en 1995 el compositor transcribe este concierto como pieza de concierto para Banda (estrenada en 1996 por la Banda Sinfónica Municipal de Madrid). El primer movimiento de la obra lleva por título Andaluza (polo) y está inspirado en el polo del Cancionero de Ocón. El segundo movimiento lleva por título Castellana (tonada) y está inspirada en dos tonadas del Cancionero de Ledesma. El tercer movimiento lleva por nombre Aragonesa y es una jota. Falleció en Madrid el 28 de abril de 2010.
– JOSÉ JUAN GÁMEZ VARO (1936-2014) –

Comenzó los estudios musicales en el Conservatorio Superior de Música de Córdoba, estudiando violín con D. Manuel Bustos hasta el sexto curso, cuando se trasladó al Conservatorio Superior de Música de Sevilla, donde finalizó su carrera con primeros premios en violín, música de cámara y el Premio Extraordinario “Joaquín Turina” del Excmo. Ayuntamiento de Sevilla.
Fue violín fgamezundador del Trío Hispalense, con el que recorrió la geografía española, cosechando éxitos que culminaron actuando para Sus Majestades los Reyes de España en la Diputación de Cádiz.
Igualmente fue violín fundador de la Orquesta Bética Filarmónica de Sevilla, siendo concertino durante once años, actuando en diferentes ocasiones como solista.
En 1978 ganó por concurso-oposición la Cátedra de Violín del Conservatorio Superior de Santa Cruz de Tenerife, trasladándose posteriormente, en 1985 al de Sevilla, hasta su jubilación en 2006.
Como compositor, legó a la ciudad de Córdoba un total de ocho marchas procesionales: “Jesús de la Pasión” (1983), “Córdoba Cofradiera” y “Dulce Nombre de María” (1993), “La Mercé” (2001), “María Auxiliadora Coronada” y “Señor de la Columna” (2009), “Esperanza” (2010) y “Coronación en San Cayetano” (2011). Igualmente compuso diversos pasodobles como “Pasión por Baeza”.
En 2012, nuestra Banda de Música le nombró Director honorífico, debido a su implicación con nuestro trabajo y por su cercanía y facilidades en todo momento. Colaboró en el asesoramiento de la grabación de nuestro primer trabajo discográfico junto a Bartolomé Gómez Meliá y pudimos compartir con él muchas vivencias y buenos ratos.
– LUIS BEDMAR ENCINAS –

Luis Bedmar Encinas. Profesor, compositor y director de Orquesta. Nació en Cúllar-Baza, Granada, en 1932. Desde 1952 reside en Córdoba donde ha echado raíces familiares y profesionales. Estudió en el Conservatorio Superior de Música de Córdoba, ampliando sus estudios en diversos cursos, recibiendo clases de compositores entre los que cabe destacar los siguientes: Rodolfo Halffter, Cristobal Halffter, Gerardo Gombau, Miguel Querol, Franco Donatoni. Profesor de Solfeo y Armonía y de Conjunto Coral e Instrumental debedmarl Conservatorio Superior de Música de Córdoba. Dirigió la Banda Municipal desde 1974 a 1988, año en que se transformó en orquesta, siendo Luis Bedmar su verdadero impulsor, artífice y director hasta 1991. Director de la coral Ramón Medina. Numerario de la Real Academia de Córdoba. A partir de 1972 en que se publica su Suite Poliserial para Órgano, gran parte de su obra se basa en la práctica de varios regímenes de coherencias sonoras. Más de medio centenar de sus composiciones han sido estrenadas y grabadas en disco. Ha creado, entre otras composiciones, 20 obras orquestadas, 19 sinfónicas, 10 canciones populares, 20 canciones de cuna, villancicos y corales. Ha obtenido importantes premios nacionales e internacionales de composición e interpretación, entre los que cabe citar: Premio Nacional de Villancicos “Ciudad de Hospitalet” (1971); Premio Nacional de Interpretación Coral (1966); primer premio en el Concurso de Composición para Autores de Habla Hispana, de la Real Academia de Córdoba; primer premio en el Concurso de Composición de Misas, organizado por el III Certamen Internacional Católico de Sevilla. El Ateneo de Córdoba le otorgó la Fiambrera de Plata en 1990, distinción a la que correspondió dedicando a esta institución el concierto Athaeneum, incluido más tarde en el volumen 3 de la colección Música Sinfónica Española Contemporánea, grabado por la Orquesta de Córdoba en 1997 bajo la dirección de Leo Brouwer para la Fundació Música Contemporánia (Barcelona) y la Fundación Autor. Luis Bedmar fue nombrado Atenista de Honor en 1999 y con tal motivo se le rindió un magno homenaje en el que participaron el Ayuntamiento de Córdoba, la Diputación Provincial, la Universidad y la Real Academia.

 

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